Arquitectura informática

6 septiembre, 2014

Una ley para el crecimiento sostenible

La experiencia y la madurez en la gestión de organizaciones han puesto en evidencia, de a poco, la importancia de contar con un plan estratégico. Sea en grandes o pequeñas estructuras, quienes hoy enfrentan el desafío de liderar empresas, ONGs o gobiernos saben que esa proyección de la organización en el tiempo es una guía indispensable para la toma de decisiones consistentes.

A menudo, para quienes necesitan soluciones informáticas la arquitectura es un tema que, o bien se pasa por alto, o bien se asume como un lujo fuera de su presupuesto. Sin embargo, es esa disciplina la que mejor puede ayudar a obtener resultados de excelencia con presupuestos acotados – de acuerdo, todos lo son – o dilatados en el tiempo.

Cuando un tema es escurridizo o inasequible por su carácter abstracto, las metáforas vienen en nuestra ayuda. Imaginemos entonces a la organización como una nación. El plan estratégico es a las organizaciones lo que una constitución es a una nación. Es un compendio de necesidades, deseos, expectativas, dinámicas sociales, contratos no formales y relaciones culturales que ya existen, a los que se les da una refrenda formal y jurídica.

Sin embargo, las constituciones – y los planes estratégicos – resultan demasiado generales para dirimir cuestiones cotidianas que, empero, no deben ir en contra de aquellos principios ni producir resultados que vayan en contra de los objetivos generales.

Las naciones dictan entonces leyes, que son los instrumentos que arbitran sobre decisiones instrumentales y ayudan a resolver conflictos puntuales. Sabemos, las leyes no pueden contradecir a la constitución. La arquitectura es, así, el conjunto de leyes que establecen el comportamiento cotidiano de una organización, poniendo a disposición de las personas una serie de procesos, reglas, artefactos y buenas prácticas que ayudan a evitar caminos que no lleven a cumplir con los objetivos del plan estratégico.

El concepto de arquitectura aplicado a toda una empresa, un gobierno o una ONG se conoce de manera genérica como Arquitectura Empresarial (Enterprise Architecture, en la lengua de quienes le dieron forma). Si nos enfocamos en el dominio de la informática, contar con una arquitectura significa tener ese conjunto de leyes que le dan al liderazgo de una organización la tranquilidad y los mecanismos de control que aseguren que sus activos informáticos serán eficientemente pensados, desarrollados, integrados al conjunto de activos organizacionales y mantenidos durante todo su ciclo de vida, sean ellos gestionados con su propio personal, con proveedores externos o con una mezcla de ellos.

Lo que la arquitectura informática ofrece es crear un conjunto de procesos y artefactos que estandaricen las decisiones en la producción de activos para la recopilación, almacenamiento, procesamiento, transmisión y consumo de la información que, se sabe, es uno de los valores más significativos de una organización. Contar con ese conjunto de leyes asegura la eficiencia en los costos y la direccionalidad acertada en iniciativas, acciones, proyectos y productos que, sin esa guía, no podría afirmarse que contribuyan a la estrategia global, de qué forma y en qué proporción lo hacen. Para asegurar esa gobernabilidad, desde luego que la arquitectura informática debe estar alineada con el plan estratégico y, si existiera, con la Arquitectura Empresarial.

Y no se trata de un emprendimiento maximalista que procura desde un comienzo abarcar todos los aspectos y posibilidades. Es, por el contrario, una disciplina con un mecanismo intrínseco de mejora continua y progresiva, que apalanca inversiones anteriores para lograr nuevas metas, siempre con una dirección consistente.

El foco en la eficiencia y en la escalabilidad progresiva, hace a la arquitectura informática especialmente valiosa para organizaciones pequeñas, en la que los riesgos de divergir respecto de los objetivos y no maximizar el rendimiento apalancado de las inversiones pueden, incluso, amenazar la continuidad de la actividad.

Siempre desde la perspectiva informática, nuestra propuesta es organizar el pensamiento en tres grandes dominios:

Arquitectura1

Desarrollaremos cada una de estas arquitecturas en futuras entradas, y veremos que quien ya ha dado el paso de tener un plan estratégico, encontrará en la arquitectura una herramienta fundamental para asegurar el cumplimiento de los objetivos.

Juan Becerra
6 de Septiembre de 2014
El Bolsón

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